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12. MALAKA
Málaga, conocida en sus inicios como Malaka, fue fundada por los fenicios alrededor del siglo VIII a.C. en la zona donde a día de hoy se encuentra la Alcazaba, debido a que solía ser la zona más segura de la ciudad.
Decidieron crear este asentamiento por su ubicación estratégica en la costa del Mediterráneo que pronto se convirtió en un punto clave para el comercio marítimo.
En el Valle del Guadalhorce, los fenicios encontraron una tierra fértil y estratégica para sus rutas marítimas.
Malaka funcionaba como un puerto de intercambio y conexión entre Oriente y Occidente, donde se comerciaban productos como metales, salazones, cerámicas, y tejidos de lujo.
Gracias a los fenicios, se expandió el cultivo del ciprés, un árbol que hasta entonces solo crecía en Afganistán, probablemente por las propiedades curativas de su resina y que se puede utilizar como tinte natural mezclando sus ramas con vinagre.
Los fenicios también trajeron la cerámica, lo cual supuso un gran avance a la hora de cocinar alimentos. También trajeron gallinas por primera vez.
La ciudad se dedicaba principalmente a la salazón de pescado y a la producción de tinte púrpura, muy caro y apreciado por la élite. Pronto se convirtió en un próspero enclave comercial que acuñó su propia moneda y mantenía intensos contactos con otras colonias griegas y fenicias.
En cuanto al nombre, parece ser que viene de "Malaka", una raíz hebrea que significa conservas de salazones, pero también puede basarse en la antigua diosa fenicia de la fertilidad "Malache", que significaba algo así como "la reina".
Con la decadencia fenicia, Malaka pasó a formar parte de la órbita de influencia de Cartago, la colonia fenicia en el norte de África que emergió como potencia hegemónica en el Mediterráneo Occidental. Durante este periodo, Malaka fortaleció su papel como puerto estratégico en las rutas comerciales cartaginesas.
Fue uno de los pocos centros del Mediterráneo Occidental que acuñó moneda propia durante el período púnico, con símbolos característicos como el templo tetrastilo y las efigies de Melkart/Heracles
Con la romanización, Malaka no opuso resistencia y mantuvo su importancia como puerto y enclave comercial.

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