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7. LA EDAD DEL HIERRO
La Edad del Hierro en la Península Ibérica se desarrolló aproximadamente entre el 1100 y el 218 a.C., marcando el final de la Prehistoria y la transición a la protohistoria. Se caracterizó por el uso del hierro, la aparición de los íberos, celtas y la influencia fenicia/griega, concluyendo con la conquista romana.
Comienza con la introducción de la tecnología del hierro a finales del II milenio a.C. y persistió hasta el siglo VIII a.C.
Los asentamientos evolucionaron desde los pequeños poblados de la Edad del Bronce final, hacia núcleos más complejos con estructuras de plantas cuadrangulares y redondeadas. Destacan los poblados de la Andalucía interior y los de Huelva, Niebla y Tejada la Vieja.
Se produjeron cambios sociales con mayor jerarquización, aumento demográfico y el desarrollo de la vida urbana, como el "oppidum" (poblado fortificado), con carácter defensivo.
En la artesanía se introdujo el torno de alfarero y se desarrolló la metalurgia del hierro (armas y herramientas) con gran importancia de la producción de cerámica y orfebrería.
Hacia el final, se comenzó a usar la escritura y la moneda en la zona del Mediterráneo.
Destacan los asentamientos de Cerro Macareno (Sevilla), y Taramilla (Cádiz)
Su economía se basada en la agricultura, (cereales, vid, olivo), la ganadería y una intensa actividad comercial con fenicios, griegos y cartagineses.
Hablamos de una Sociedad jerarquizada, con guerreros, artesanos y agricultores. Tenían una fuerte tradición de culto, destacando el uso de necrópolis con incineración.
La etapa final de este periodo (a partir del siglo III a.C.) coincide con la intensa expansión de las culturas prerromanas ( protohistoria) antes de que Roma dominara la península en el 218.

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