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6. LA EDAD DEL BRONCE
EL ARGAR
La Edad del Bronce del sur de la Península Ibérica se desarrolla entre 2200 y el 800 a.C. En el Sureste y la Alta Andalucía.
*La cultura argárica ( Antas, Almería)* es una cultura que se manifestó en poblados del sudeste de la península ibérica en el Bronce Antiguo entre c. 2200 y 1550 a. C.
Formó una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del III y II milenios a. C. y creó la primera sociedad urbana y estatal del Mediterráneo occidental.
En Andalucía Occidental se mantienen tradiciones calcolíticas que perduran incluso hasta el Bronce Final.
El área nuclear de la Cultura del Argar se sitúa en el Bajo Almanzora y la cercana comarca de Lorca y después se extiende por el resto del Sureste y la Alta Andalucía, ocupando la totalidad de las provincias de Almería y Murcia y gran parte de las de Granada, Jaén y Alicante.
La mayor parte de los poblados argáricos se sitúan en colinas de laderas escarpadas para aprovechar sus posibilidades naturales de defensa. Las laderas se cortan para crear plataformas escalonadas que acogen las viviendas y los espacios públicos con establos, cisternas (estructuras subterráneas diseñadas para recoger y almacenar agua de lluvia o manantiales), vitales para la supervivencia en asentamientos fortificados. Con calles estrechas que comunicaban las distintas terrazas.
Las viviendas se construyeron utilizando el adobe (masa de barro y paja moldeada en forma de ladrillo) y son de planta rectangular u oval, alineadas en las terrazas y agrupadas frecuentemente en barrios.
En la zona nuclear, la cima de los cerros se construyeron potentes fortificaciones que forman una especie de acrópolis en la que vive la élite, en cuyo interior se han localizado dos grandes casas, con ricas sepulturas, y una cisterna.
La economía argárica se basa en la agricultura de secano, sobre todo cebada, en el cultivo de pequeños huertos en las inmediaciones de los cursos de agua y en la ganadería, donde se domesticaron cabras, cerdos, bueyes y caballos.
La mayoría de los materiales se obtenían en la zona inmediata a los asentamientos, sólo algunas materias primas, como el mineral de cobre, las rocas volcánicas y el marfil, procedían de zonas alejadas.
En esta época se generaliza la costumbre del enterramiento individual en el interior del hábitat, bajo las viviendas o en las paredes de las mismas. Aunque se encontraron numerosas tumbas con varios individuos que sugieren agrupamiento familiar.
La metalurgia se caracteriza por la producción del auténtico bronce, lo que requirió la explotación de los afloramientos de estaño occidentales y, como consecuencia, el traslado de los principales centros de producción y de poder económico a la Baja Andalucía y otras regiones atlánticas.
A partir de 1900 a.C y en el Suroeste desde 2200 a.C. en el Bronce Final se produce un proceso de descentralización política y dispersión del poblamiento, y vuelven a habitarse algunos de los antiguos yacimientos argáricos, como Cástulo (Linares), el Cerro de la Encina (Monachil) y el Cerro de los Infantes , en la Vega granadina, que desarrollan un nuevo urbanismo formado por grandes cabañas de planta oval dispersas en pequeños grupos. Este nuevo urbanismo se mantendrá en todo el territorio andaluz hasta que las influencias fenicias provocaron nuevas transformaciones urbanísticas con la difusión del modelo de casa oriental.
Se observan también cambios en los materiales de los enseres, en el que destaca la decoración bruñida, que ocupa el interior de cazuelas, fuentes y platos carenados y las cerámicas pintadas con motivos geométricos.
Existen pequeños asentamientos de ocupación corta vinculados a explotaciones mineras, como Cerro Salomón en Riotinto, que reflejan un gran desarrollo de la metalurgia con aleaciones incluso ternarias (cobre-estaño-plomo) y los primeros indicios de hornos más complejos. Tanta riqueza minera y desarrollo técnico pronto atraen a viajeros del Mediterráneo, como los fenicios.
En esta compleja mezcla de tradiciones y contactos con otras sociedades comienza a germinar el sistema social de Tartessos, al que darán continuidad en un momento avanzado de la Edad del Hierro (850/800-218).


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