La ciudad es impresionante. Una barbaridad de edificios enormes, unas calles enormes y un rio enorme. Por cierto también enorme la cantidad de turistas...
Nada más llegar la vista del Puente de Carlos...(¿Quién no lo conoce???)
Pero lo que más me ha impresionado es algo que no se ve... el olor... A pesar de la multitud, las calles de Praga huelen muy bien,...levemente a canela de los dulces, a pan, a flores de los puestos... Un auténtico placer...
Na shledanou!