martes, 29 de agosto de 2023

De mitos y humanos, 8 MINOTAURO

 MINOTAURO, MITAD HOMBRE, MITAD TORO.

El mito del Minotauro es uno de los más fascinantes de toda la mitología de la antigua Grecia. Fruto de un escarceo amoroso entre la reina Pasifae y un hermoso toro blanco enviado por Poseidón. Lo llamó Asterión.
Famoso por su terrorífico aspecto, se representa como una criatura fantástica con un descomunal cuerpo humano y cabeza de toro.
Pasifae alimentó y cuidó de su monstruoso hijo, que, a medida que iba creciendo, se volvía cada vez más terrible, e incluso empezó a devorar carne humana. Desesperado, Minos acudió al arquitecto Dédalo para pedirle ayuda. Él fue quién ideó un complejo laberinto, donde el monstruo debería permanecer prisionero para siempre.
Mientras tanto, Minos declaró la guerra a los atenienses. El rey cretense atacó el territorio de Atenas y logró conquistar la ciudad.

Tras la victoria, Minos impuso una serie de duras condiciones a los vencidos. El pago exigido fue terrible: Minos ordenó a los atenienses la entrega de siete muchachos y siete doncellas cada año, que servirían de alimento para el Minotauro.
Tras muchos años de sacrificio, ante esta injusticia, el príncipe Teseo, hijo del rey Egeo de Atenas, se ofreció, ante la oposición de su padre, para derrotar al monstruo y acabar de esta manera con aquel sangriento tributo impuesto por el rey de Creta. Al llegar a la isla, Teseo se presentó ante Minos para comunicarle que su misión era acabar con la vida de aquella bestia infernal. En esa misma audiencia estaba presente Ariadna, hija del rey, que de inmediato quedó prendada del príncipe ateniense y se ofreció a ayudarlo en su aventura.
La joven le entregó un ovillo de lana para que atase un cabo en la entrada del laberinto. De esta manera, solo tendría que seguir el hilo de lana para poder salir sano y salvo. Como así fue.
Teseo derrotó al minotauro y liberó a los jóvenes atenienses.
Ovidio. Las metamorphosis
J.L Borges: La casa de Asterión.


martes, 22 de agosto de 2023

De mitos y humano, 7 APOLO Y DAFNE

 Apolo y Daphne.

Apolo, Dios de las artes y de la música, fue castigado por el joven Eros (amor) después de que se burlase de él por jugar con un arco y unas flechas.
Enfadado, Eros, tomó dos flechas, una de oro con la punta de diamante y otra de hierro con la punta de plomo. La de oro incitaba el amor, la de hierro incitaba el odio. Con la flecha de hierro disparó a la ninfa Daphne y con la de oro disparó a Apolo en el corazón. Apolo se enamoró en el acto de Daphne y en cambio ella lo aborreció. En el pasado Daphne había rechazado a muchos amantes potenciales y a cambio había demostrado preferencia por la caza y por explorar los bosques, rogó a su padre que la dejase soltera.

Apolo la persiguió constantemente, rogándole que se quedara con él, pero la ninfa siguió huyendo hasta que los dioses intervinieron y ayudaron a que Apolo la alcanzara. Al ver que Apolo se acercaba, Daphne invocó a su padre, el dios Ladón y éste la transformó. Su piel se convirtió en corteza de árbol (un laurel), su cabello en hojas y sus brazos en ramas. Dejó de correr ya que sus pies se enraizaron en la tierra. Apolo solo alcanzó a abrazar las ramas.
Como ya no la podía tomar como esposa, le prometió que la amaría eternamente y que sus ramas coronarían las cabezas de los héroes y los campeones de los Juegos Olímpicos.
Ovidio "Las metamorphosis"
Apolo y Daphne de Bernini.


viernes, 11 de agosto de 2023

De mitos y humanos, 6. PERSEO

 Perseo

Del 11 al 13 de agosto se podrán ver las "perséidas". Una lluvia de estrellas llamadas así por el lugar donde aparecen: la constelación de Perseo.
Perseo era hijo de Zeus y de la mortal Dánae. Fue uno de los heroicos semidioses de la mitología griega junto a Heracles y Teseo.

Acrisio, rey de Argos y padre de Dánae, la había encerrado en una torre de bronce para evitar que ella concibiese un hijo, ya que un oráculo le había asegurado que su nieto lo mataría. Zeus, que deseaba a Dánae, la visitó en forma de lluvia de oro, aventura tras la cual nació Perseo. Acrisio, sorprendido, encerró a la madre y al hijo en una caja y los arrojó al mar, pero gracias a la protección de Zeus, la caja llegó a salvo a la isla de Sérifos, donde Dánae y su hijo fueron acogidos por el rey Dictis, hermano del rey Polidectes de Sérifos. Perseo creció junto a su madre y el rey, pero Polidectes se enamoró de Dánae y decidido librarse del muchacho, que ya cuidaba de su ma­dre. Por ese motivo le encargó que le traje­se la cabeza de Medusa, algo imposible dada la apariencia del monstruo, que convertía en piedra al que se atreviera a mirarla.

Afortunadamente, Perseo contó con la ayuda de Atenea, que estaba enemistada con Medusa. La diosa le dio a Perseo un espejo de bronce tan bruñido que reflejaba todo lo que veía y le dijo lo que tenía que hacer. Primero debería visitar a las Moiras, tres hermanas que vivían en el norte de África, que eran brujas y que compartían un solo ojo. Perseo les robó el ojo y les obligó a mostrarle el camino para llegar a Medusa, lo cual aceptaron a cambio del ojo, que finalmente arrojó al agua para que no pudiesen advertir a nadie de sus intenciones. Unas ninfas le dieron a Perseo un casco que lo hacía invisible, un par de sandalias aladas y un saco en el que meter la cabeza de Medusa cuando la hubiera atrapado. Hermes le entregó un sable mágico.

Con la ayuda de todos los regalos, Perseo voló hasta el hogar de las gorgonas, junto al Océano.
Perseo acechaba a Medusa sirviéndose de su escudo como espejo para no tener que mirarla directamente y evitar de ese modo que lo convertiera en piedra. Así cortó la cabeza llena de serpientes del monstruo con el sable de Hermes y la puso en el saco. La sangre derramada por Medusa originó al monstruo Crisaor y al caballo alado Pegaso.

Según cuenta Ovidio, el primer encuentro que tuvo Perseo a su regreso fue con el titán Atlas, a quien se presentó como hijo de Zeus. Perseo no fue bien recibido porque un oráculo le había dicho a Atlas que un hijo de Zeus le robaría las manzanas del jardín de las Hespérides. Cuando el gigante adoptó una postura amenazante, Perseo le mostró la cabeza de Medusa y lo convirtió en piedra, pasando a ser así la cadena montañosa que conocemos con ese nombre.
Perseo continuó su viaje a través de África y llegó a Etiopía, donde vio a una bella mu­chacha encadenada a una roca junto al mar. Era Andrómeda, la hija del rey Cefeo, que estaba a punto de ser sacrificada al monstruo marino Kraken como acto conciliador por las arrogantes palabras de su madre Casiopea. Perseo vio aparecer al terrible monstruo de las profundidades del mar para devorar a Andró­meda y les dijo a sus desesperados padres que la salvaría si prometían convertirla en su esposa. Cefeo y Casiopea aceptaron de inmediato e incluso le ofrecieron el reino como dote. Como si de un ave se tratase, Perseo se abalanzó sobre la bestia y le clavó su sable. Sus sandalias aladas le permitieron huir inmediatamente del ataque del monstruo, que murió poco después de ser atravesado.

Años después, cuando Andrómeda le había dado un hijo a Perseo, la pareja viajó a Sérifos, llegando a tiempo de rescatar a su madre y a Dictis de las manos de Polidectes cuando se habían refugiado en un santuario. Polidectes no quiso creer que Perseo hubiese regresado con la cabeza de Medusa y trató al héroe con desprecio. Perseo le mostró la cabeza de la criatura y Polidectes se convirtió en fría piedra.

Perseo convirtió a Dictis en rey de Sérifos y prosiguió su viaje hasta Argos, que era el reino de su abuelo. Acriso, recordando la predicción en el sentido de que moriría a manos de su nieto, temió que su final estaba cerca y huyó a Tesalea, aunque no pudo escapar a su destino. Perseo lo persiguió hasta allí y ambos se encontraron compitiendo en los juegos locales en honor del rey. Durante una de las pruebas, un disco lanzado por Perseo cayó sobre la cabeza de Acriso y le mató.

Después de la muerte de Perseo, la que había sido su gran protectora, Atenea, lo subió a los cielos y lo convirtió en una constelación. Ese mismo honor lo recibieron Andrómeda y sus padres. Antes de hacer esto, Atenea había tomado la cabeza de Medusa y la había puesto en su escudo o aegis con el que cubría sus hombros.


martes, 8 de agosto de 2023

De mitos y humanos, 5. PERSÉFONE Y LAS ESTACIONES

 Perséfone y la estaciones.


Perséfone era la hija de Zeus, dios del Olimpo y de Deméter, diosa de la agricultura. Hades, hermano de Zeus y señor del inframundo se encaprichó de ella.
Un día que Perséfone se encontraba recogiendo flores con unas ninfas fue raptada por Hades.
Cuentan que su madre, Deméter, cayó en una profunda depresión, dejando de cumplir sus obligaciones divinas, consistentes en el cultivo de la tierra. Se dedicó a buscar a su hija, vagando por el mundo con el aspecto de una anciana. Zeus notó que la vida de los habitantes de la tierra estaba en peligro por una tierra infértil. Pronto los humanos se quedarían sin alimento y morirían de hambre, así que decidió mediar con su hermano para que liberase a Perséfone, enviando a Hermes en su búsqueda. Hades accedió, pero se guardó una última trampa. Puso la condición de que Perséfone no debía consumir alimento alguno hasta que abandonase el inframundo.

El día en que Deméter bajó al inframundo a recoger a su hija, Hades sembró de semillas de granada el camino de regreso. Perséfone cayó en la tentación de consumir hasta seis de ellas, violando las leyes del inframundo que penaban con la estancia en él a todo el que consumiese sus productos. De esta forma, consiguió que Perséfone se quedase con él seis meses en el Averno, uno por cada semilla consumida.
Así se explica el origen de las estaciones. Durante el tiempo que Perséfone pasaba con Hades, la pena de Deméter sumía al mundo en el frío y la oscuridad, una época en la que los árboles no florecían, en cambio, cuando Deméter estaba con su hija, todo volvía a florecer dando lugar al caluroso verano y la floreciente primavera .